Judíos latinos encuentran un nuevo hogar en Nueva York


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El Rabino Mendy Weitman, nacido en Brasil, tuvo la idea de reunir a la comunidad judía latinoamericana de Nueva York en un Centro Judío Latino (Latin Jewish Center).
By Mariana Cristancho-Ahn
November 24, 2010

Nueva York (Associated Press) -- A mediados del 2009, Deborah Apeloig, una venezolana nieta de sobrevivientes polacos al Holocausto, radicada en Nueva York, sentía que necesitaba un lugar donde pudiera conectarse más profundamente con su religión y conocer a otros judíos latinoamericanos.

 
"Me faltaba una sinagoga donde me sintiera como en casa," dijo Apeloig, de 26 años, quien para ese entonces adelantaba una maestría en políticas públicas en la Universidad de Nueva York, en la cual realizaba una investigación sobre la inmigración judía latinoamericana en Estados Unidos. "Fui a varias sinagogas, pero ninguna me parecía tan cálida como la que yo estaba acostumbrada [en Venezuela]."
 
El año pasado, un rabino brasileño tuvo la idea de reunir a la comunidad judía latinoamericana de Nueva York en un Centro Judío Latino (Latin Jewish Center). A pesar de que ya existían grupos sociales que reunían a los judíos latinoamericanos, su iniciativa le agregó un toque espiritual. En su primer aniversario el centro — que realiza actividades tanto religiosas como sociales — tiene cerca de 700 miembros que dicen haber hallado un hogar en el centro.
 
Si bien no hay cifras oficiales sobre la cantidad de judíos latinoamericanos en Estados Unidos, se sabe que la mayoría son inmigrantes de Brasil, Argentina y Venezuela, y que esta comunidad cuenta con representantes de prácticamente todos los países de América Latina. Muchos son profesionales o estudiantes de postgrado que trabajan en compañías financieras, medios de comunicación, compañías de tecnología y farmacéuticas, entre otras.
 
"Siempre percibí que teníamos un problema en común, que la gente buscaba una sinagoga, una comunidad con el calor latino y no la encontraba," dijo el rabino Mendy Weitman, nacido en Brasil y radicado en Estados Unidos desde hace seis años. "Los latinos vienen de países con comunidades sólidas y quieren ser miembros de una comunidad".
 
En América Latina se calcula que viven unos 495.000 judíos de acuerdo con el Congreso Judío Latinoamericano, una organización que opera como núcleo representativo de las congregaciones judías de la región. Los países latinoamericanos con mayor número de judíos son Argentina y Brasil, con 230.000 y 130.000 personas respectivamente.
 
Los judíos latinoamericanos de Nueva York tiene un importante antecedente histórico: de acuerdo con algunos investigadores, los primeros latinoamericanos que llegaron a la ciudad fueron 23 judíos sefarditas que en 1654, escapando al dominio portugués en la colonia holandesa de Recife en Brasil, llegaron a la entonces a llamada Nueva Amsterdam.
 
"Los judíos tenemos como mandato ofrecerle al país donde vivimos lo mejor de nosotros," dijo Aaron Vaisman, un judío colombiano de abuelos de origen rumano que vive en Estado Unidos desde hace dos años.
 
Miembro de la comunidad Jabad-Lubavitch, un movimiento judío ortodoxo, Weitman viste el tradicional traje negro con camisa blanca y sombrero negro alado que caracteriza a este grupo. Tiene bigote y barba larga, y usa espejuelos sin marco. A sus 26 años, luce mayor no solo por su aspecto físico sino por erudición sobre la fe judaica. Desde los 15 años ha realizado estudios rabínicos en Argentina, Israel, Francia y Estados Unidos Unidos.
 
A finales de agosto, con motivo de su primer aniversario, el centro organizó una celebración a la que asistieron cerca de 200 judíos latinoamericanos. El encuentro se realizó en una sinagoga del barrio Chelsea, donde se congregan mientras siguen buscando un hogar permanente.
 
La noche comenzó con el tradicional rezo que da inicio al Sabat, el día de descanso de los judíos que empieza al atardecer del viernes y culmina con la aparición de tres estrellas por la noche del sábado. Rebeca Rubinstein, una judía venezolana, encendió un par de velas en un ritual que realiza únicamente la mujer y que marca el inicio formal del Sabat.
 
El rabino dio la bienvenida a los miembros en inglés y español y prosiguió con las plegarias en hebreo que los demás asistentes siguieron en el Sidur, el libro de oraciones. Durante el rezo, que demoró una hora, hombres y mujeres se sentaron separados por biombos de bambú. Los hombres usaban kipas, las pequeñas gorras que cubren parcialmente sus cabezas, y las mujeres vestían en su mayoría elegantes trajes de falda.
 
Después de terminar el rezo se retiraron los biombos y hombres y mujeres se saludaron efusivamente con abrazos. Acto seguido pasaron a un salón donde se ofreció una cena kosher que comenzó con el lavado ritual de manos, la bendición del vino (kidush) y el pan trenzado conocido como jalá.
 
Entre los platillos ofrecidos hubo humus, ensalada de pepino y tomate al estilo israelí, sopa con bolas de matzá, pescado, pollo y de postre mousse de chocolate. Entre plato y plato los asistentes cantaron y bailaron canciones en hebreo — como la popular Hava Nagila "Alegrémonos"— en grupos separados de hombres y mujeres.
 
Un par de semanas después, el centro organizó eventos especiales para la celebración de Rosh Hashaná, el comienzo del Año Nuevo judío. La celebración incluyó el toque del shofar, un instrumento tipo trompeta fabricado con el cuerno curvo de un animal kosher. Los libros litúrgicos conocidos como majzor estuvieron disponibles en español, portugués y hebreo, con traducción fonética del hebreo. Durante las plegarias, el rabino Waitman y algunos de los hombres cubrieron sus cabezas y hombros con el talit, un chal blanco con líneas azules y flecos.
 
Ariel Fischman, esposo de Apeloig y judío mexicano de descendientes rusos y polacos, participó con su esposa de la celebración. En años anteriores solía ir a una sinagoga que transmitía los rezos por televisión en una escuela de anexa de kinder pues no había espacio en el salón principal. "El ancla es el aspecto religioso, pero con el tiempo nos sentimos parte de una comunidad," dijo Fischman, de 31 años. "Puedes venir a una fiesta o a un partido de fútbol y toda esta gente que no conocías antes se vuelven amigos y no solamente nos tenemos que reunir para los temas religiosos."

Comments

July 15, 2013 04:39PM Quisiera registrarme en una sinagoga hispana Sefardí en Manhattan new York

Orlando Madero-LEVY, ddilevy@h tomáis.com




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