La visión de Obama para Latinoamérica


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Photo:Cortesía del usuario de Flicker Alicia Nijdam
Rio de Janeiro
By Anna Edgerton
April 17, 2011

Este artículo fue escrito originalmente en inglés por el blog del “World Policy Journal

 
El mismo día en que el presidente estadounidense Barak Obama le habló al pueblo brasileño y celebró que el país se estuviera perfilando como poder global, le tuvo que explicar al mundo por qué los Estados Unidos estaban liderando la intervención militar Libia.
 
Obama dijo que las democracias y las economías exitosas de Latinoamérica pueden ser un ejemplo para los países del Medio Oriente. Los discursos halagaron a sus anfitriones de Brasil, Chile y El Salvador, pero también justificaron su viaje a Suramérica en un tiempo en que otras crisis exigen su atención.
 
Durante la semana, Obama admiró la exitosa transición a la democracia de varios países latinoamericanos después de décadas de dictadura, y sugirió que todo el mundo quiere los mismos derechos de libertad y un gobierno que represente al pueblo que lo eligió. En Río de Janeiro habló de Tunisia, Egipto y Libia específicamente, y de “la actual lucha por estos derechos en el Medio Oriente y el norte de África.”
 
Repitió este mensaje el lunes en Santiago, Chile, cuando se refirió a todos los países latinoamericanos  en tanto “guía para todos los pueblos del mundo que están empezando sus propias travesías hacia la democracia.” En una clara alusión a las protestas del Medio Oriente, dijo que Latinoamérica puede ser un ejemplo de “cómo construir partidos políticos y organizar elecciones libres; cómo asegurar una transición pacífica hacia el poder; como navegar los caminos enrevesados para la reforma y la reconciliación.”
 
Sin embargo, el columnista chileno, experto en relaciones internacionales Patricio Navia dijo en una entrevista que ésta no era una comparación justa. La mayoría de los países latinoamericanos tenían experiencias democráticas previas, lo que hizo más fácil el retorno a la democracia después de épocas de gobiernos autoritarios. “En el caso de Chile, se podía trabajar con partidos políticos legitimados,” dijo Navia. “No se puede hacer lo mismo en el Medio Oriente porque allá no tienen la misma historia de democracia.”
 
Que Obama reconociera los ideales de democracia en Latinoamérica sirvió como conexión retórica entre su viaje y el desarrollo de los eventos en el Medio Oriente. Paulo Sotero, director del Instituto Brasileño en el Centro Woodrow Wilson, un centro de investigaciones en Washington, DC, dijo que los Estados Unidos no solo debe enfocarse en las áreas que están en crisis. “El hecho de que un presidente estadounidense visitara esa semana países que ya tienen un gobierno democrático, que tienen una historia positiva, indica que Estados Unidos se debe concentrar en ejemplos positivos,” dijo Sotero.
 
Larry Birns, el director del Council on Hemispheric Affairs, otro centro de investigaciones, dijo que la visita de Obama no tuvo suficiente substancia.
 
“Latinoamérica siempre ha sido la víctima de palabras elocuentes,” dijo Birns, pero, “casi nunca hemos visto políticas sólidas que respeten a la región.” Birns dijo que a Obama le falta una visión clara para esta parte del mundo, y añadió que “las visiones en general no han sido tan exitosas en Latinoamérica.”
 
Cuando Obama dio su discurso a todo el continente desde Chile, mencionó La Alianza de Progreso, un programa económico que el Presidente Kennedy inició hace cincuenta años en la región. Aunque el plan no cumplió todas la metas que se propuso para la cooperación económica, Obama no dijo nada sobre sus fallas en el pasado ni presentó una propuesta clara para el futuro. El mensaje del discurso fue consistente con el deseo expreso de su administración de que todos los países de este hemisferio trabajen juntos. Sin embargo, no dio ninguna indicación de que su atención se vaya a enfocar en los asuntos de Latinoamérica.
 
El enfoque de Washington en el Medio Oriente es entendible, pero incluso en esa región, la política exterior de Obama se caracteriza por acciones tímidas. Y el hecho de que el presidente haya justificado desde Río de Janeiro la intervención militar a Libia con declaraciones vagas sobre la democracia y la libertad deja mucho que desear. Gary Sick, investigador del Instituto del Medio Oriente en la Universidad de Columbia , dijo que ningún país puede ser ejemplo para la democracia de otro país. “Egipto no puede ser el modelo para Yemen; Bahrain no puede ser el modelo para Libia.” Y añadió que de ninguna manera las democracias de Suramérica pueden ser un modelo para Medio Oriente, porque además de las diferencias políticas, “son culturas completamente diferentes.”
 
Sin embargo, su popularidad en el extranjero es una ventaja que tiene Obama frente a retos significativos en su política exterior. Aún tiene un índice de aprobación del 84 por ciento en África según el estudio de opinión pública U.S. –Global Leadership Project de Gallup. En el 2010, dos años después de su elección, 64 por ciento de los latinoamericanos tenían una opinión positiva de los Estados Unidos, en comparación con el 45 por ciento registrado en el 2008, según Latinobarómetro, un estudio chileno.
 
A Obama lo recibieron con los brazos abiertos en El Salvador, donde prometió reformar la política de inmigración. Sin embargo, se quedó corto en ofrecer protección legal a los más de 2 millones de salvadoreños que viven en los Estado Unidos.
 
Si, como sugirió Obama, los éxitos de Latinoamérica en los campos del desarrollo económico y del gobierno democrático pueden ser un ejemplo para el Medio Oriente, su mensaje también tiene que incluir el camino duro que los espera. El reto para la administración de Obama será dedicarse a ambas partes del mundo con más que palabras sobre la cooperación económica y los ideales democráticos. “No ha inspirado a la región,” dijo Birns, “y su viaje se va a olvidar en menos de un segundo.” Después de poco tiempo de vuelta a Washington, parece que ya lo han olvidado.
 
 
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Anna Edgerton está haciendo una maestría de periodismo en la Universidad de Columbia en Nueva York. Es un asistente editorial del World Policy Journal y va trabajar con El Clarín, el periódico Argentino, en junio.

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